Ya sabéis que el señor Iván Castro vino a casa Plómez este octubre a impartir un taller de caligrafía con pentel. Y si no lo sabéis os lo decimos ahora, la próxima vez estad más atentos, caramba. Y como da la casualidad que yo, Fando Plómez, fui el único miembro de la familia en hacer el taller me han encargado, otros dirían que echado el marrón, de hacer la crónica de esos dos días de tinta, pinceles y letricas.

Tiralíneas

Los alumnos éramos un grupo variopinto, estábamos desde pringados que no sabemos coger un pincel con los dedos, como yo, hasta auténticos maestros de esto de hacer letritas que venían a recibir la sabiduría del tiki-sensei Castro.

Los principios siempre son duros e Iván nos puso a hacer rayas, primero gordas y luego finas para finalmente combinarlas. ¿Y esto de empezar a dibujar letras cuando empieza? Paciencia joven saltamontes, puesto que esos eran los primeros pasos para adentrarnos en el mundo de la «n», vale y de la «m», «h», etc. Jo, yo que quería empezar dibujando el logo de la coca-cola y resulta que antes tenía que aprender a gatear, otros ya venían aprendidos de casa pero es que yo soy de normal torpe.

Mola y punto

La primera sesión terminó adentrándonos en los ignotos caminos de la «a», «b», y otras letras de esas de las que parece que tienen una curva dejando para el día siguiente por la mañanica el resto del abecedario con las terribles «s», «x» y «z» como cabeza de cartel.

Iván repartiendo sabiduría

Así que al día siguiente terminamos de aprender a dibujar las letras que nos quedaban y por la tarde: ¡fiesta! Tocaba hacer lo que nos saliera de… bueno, ya me entendéis, proyecto libre para dar rienda suelta a nuestra creatividad. Cada uno es un mundo, hubo quien simplemente intentó dibujar un abecedario molón, otros experimentaron con el papel que usamos en el taller para limpiar, uno sacó un tiralíneas… Todo ello bajo la atenta mirada de nuestro profesor que repartía generoso consejos y correcciones. Y así llegamos al final del taller donde el señor Iván Castro nos fue entregando a todos los participantes el Diplómez que certificaba que estábamos hechos, al menos por un fin de semana, unos calígrafos de pentel y muy señor mío.

Foto de familia
Iván en todo lo suyo