El hombre que susurra a las máquinas de imprimir

Esto de ser diseñadores digitales por las mañanas e  impresores analógicos por las tardes es lo que tiene. Si tuviéramos que pedir algún Plómez que afinara una guitarra, seguro se atravería a hacerlo. Pero ni Dios quería meterle mano a nuestra Korrex para ajustar nuestra más preciada máquina-planocilíndrica-de-hacer-cartelazos-con-letras-gordas.

En estas que por Madrid se estaba celebrando la feria de grabado Estampa, nos dijeron que Emilio Sdun estaba por la ciudad acompañado de su querida esposa Doris y les invitamos a realizar una visita a nuestro taller. Emilio Sdun es un impresor alemán que vive lejos del mundanal ruido en un pueblecito de Almería. Regenta Prensa Cicuta donde realiza unos libros de artista que quitan el sentido y resulta que también tiene una Korrex. Así que sabe lo que le pasa a una máquina como ésta sólo con escucharla.

Nuestra Korrex funcionaba bien, pero Emilio nos la afinó como si tratara de un mismísimo Stradivarius. Escuchándola y tocándola, acercando su oído a los engranajes y al tacto con un pie de rey que improvisó con un tipo móvil y una pieza de imposición. Era maravilloso verle. Niveló la altura de los rodillos. Nosotros creíamos que iban perfectos, pero resulta que estaban demasiado bajos. Incluso se atrevió a desmontar la mantilla del rodillo de presión. Nos enseñó cómo montarla y sustituirla por si se estropeara.

Ajustando la altura de los rodillos como el que afina las cuerdas de un instrumento.

Hablamos mucho con él y compartió con nosotros sus secretillos. Menos mal que nuestra Raquel Plómez es de origen germánico y nos ayudó a entender las cuestiones más técnicas.

Como muestra de agradecimiento, le regalamos algunas de las cosillas que hemos impreso en los Plómez con un poquillo de reparo porque estábamos ante un maestro… pero parece que le gustó y nos prometió hacer un intercambio de cromos. Este señor tiene mucho que enseñar, así que seguro que lo vamos a fichar para que se venga a Madrid a dar un tallercito de fin de semana.

Gracias, Emilio. Gracias, Doris, por aguantar durante horas a unos freaks haciendo preguntas a tu marido y acaparándolo.

La mantilla del rodillo de presión era azul y no negra.