Hay momentos en la vida de un Plómez en los que no hay más remedio que ponerse la boina de los domingos, sacar del armario la maleta del abuelo y lanzarse a conocer mundo. Una de esas veces es la que narramos en este post que será corto e intenso como un trago de anisete.

Todo empezó como empiezan la mayoría de las historias de hoy en día: con un correo electrónico inesperado. El 7 de mayo de 2012, Claudio Madella, de Officina Novepunti, nos invita a participar en el evento Letterpressworkers 2013: la segunda edición de un encuentro anual en el que rudas gentes de todo el mundo se reúnen a intercambiar trucos, contar bravatas y beber todo lo que pillan mientras imprimen como locos.

En esta ocasión el plan era reunirse del 12 al 16 de junio en un centro social de Milán llamado Macao donde nos acogieron con amor y mosquitos. Los invitados eran Mark Pavey, de Dead Methods, Thomas Gravemaker, de TomScot, John Cristopher, de Flowers and Fleurons, Pete Burke de la University of Copenaghen, Armina Ghazaryan de Formapparatus, Beatrice Bless de New North Press, Jens Hansen, de Letterpress, Thomas Siemon de Carpe Plumbum, Alejandra Portilla y Edgar Paniagua de 30 Dedos, Tiny Risselada, de Letterpers, Anne Marie Koper de Intranslation, Sander Pinkse, de Boekproductie, Olof Gardasdottir de Reykjavik Letterpress, Christian Granados, de si mismo, el inencontrable João de A prensar moreu um burro, Claudio Beretta, Gabriele Cecere y Simone Giorgio de &type, Lucio Passerini, de Il Buontempo, Roxy Columbus, de Pirouette Press, gente de Macao y Novepunti y un servidor. Una legión de tipógrafos lunáticos y pendencieros dispuestos a castigar el mundo con sus mensajes. La temática del encuentro vino marcada por la ubicación de Macao: la zona de antiguos mercados de abastos de la ciudad, ahora abandonados. En concreto Macao se ubica en la bolsa del antiguo mercado de la carne. Un lugar con una arquitectura maravillosa como podéis ver en las fotos.

Desayuno de trabajo en Macao

La dinámica era sencilla: cada uno era libre de plantear sus piezas con el material que Novepunti y Thomas Siemon habían traído: ocho sacapruebas y abundante tipografía de madera y plomo. Zafarrancho impresor, ahes y ohes por doquier y por la tarde el centro abría a los transeúntes para que nos hicieran fotos y les dijeran a sus hijos que no debían acabar como nosotros. Al final del día teníamos distintas presentaciones y por la noche salíamos a cenar.

Los chicos de 30 dedos, bien chingones

El programa incluía la visita del estudio de Lucio Passerini, y una grand finale en un restaurante milanés con juego de petanca incluido. Como no hay nada mejor que un buen montón de fotos para hacerse a la idea de lo que pasó allí, aquí os dejamos una selección. ¡Que lo disfrutéis!

PD. En noviembre tuvimos una sorpresa: llegó un paquete con una muestra de los carteles impresos por todos los participantes. En la siguiente galería podéis ver algunos de ellos.

Yago Plómez